Tarija y los puentes del futuro: cuando la colaboración supera al conflicto

Blog

Mientras Bolivia vivía más de cincuenta días de movilizaciones y unos noventa puntos de bloqueo paralizaban el país, en Tarija ocurrió algo llamativo: no hubo bloqueos. ¿Por qué?

Una explicación rápida diría que Tarija no bloquea por afinidad política con el gobierno. Sin embargo, los resultados electorales recientes muestran lo contrario. Por lo tanto, la respuesta debe buscarse en factores más profundos: su historia, su cultura, su posición geográfica y su realidad económica.

Tarija actúa como una bisagra entre el occidente y oriente, norte y sur

Tarija ocupa una posición singular. Más que pertenecer completamente a occidente o a oriente, funciona como una bisagra entre ambos mundos, así como entre el norte y el sur. Es un territorio de transición geográfica, cultural y política, donde conviven influencias andinas, chaqueñas y del sur del continente.

Durante la colonia dependió de la intendencia de Potosí y luego de la de Salta. Durante la Guerra de la Independencia fue reconocida como provincia argentina (en la primera constitución de las Provincias Unidas del Río de la Plata). No obstante, por decisión propia, decidió ser boliviana.

En la Guerra del Chaco, librada en el departamento de Tarija, las diferentes «Bolivias» se descubrieron mutuamente; en medio de la adversidad y el horror se encontraron regiones, culturas y pueblos que vivían dándose la espalda. En las trincheras del Chaco y en las calles de Tarija, que recibió tropas y heridos, se gestó una consciencia nacional que dio lugar posteriormente a la Revolución de 1952.

Esa condición de margen, borde, frontera (ambigua) y de encuentro/desencuentro, de estar aquí y estar allá, ha contribuido a convertirla en un punto difuso de transición e integración. Quizás por ello, a lo largo del tiempo, se han desarrollado mecanismos sociales e informales de convivencia y negociación, una suerte de «psicología de los puentes», que hace más viable la colaboración frente a la confrontación.

Una cultura de encuentro, incluso en medio de diferencias

Tarija no es una sociedad ideal ni libre de problemas. Existen desigualdades sociales, discriminación, brechas entre lo urbano y lo rural, y diferencias económicas y culturales que generan fricciones reales.

Sin embargo, gracias a unos rasgos más o menos generales, como un carácter tranquilo, afable y amable, con una filosofía relajada de la vida, a veces las identidades, los dogmas y las divisiones ideológicas suelen desdibujarse (un poco) en la convivencia diaria.

No es una sociedad perfecta, ni libre de problemas y diferencias; a veces sobrevive un regionalismo mal entendido, pero sus conflictos rara vez alcanzan la confrontación permanente de otras regiones. Y, algunas veces, incluso, se producen inéditos encuentros entre personas y grupos de espacios radicalmente diferentes. Un ejemplo elocuente:

En 1946, apenas un año después del fin de la Segunda Guerra Mundial y del horror del Holocausto, cuando se encaminaba la creación del Estado de Israel y las tensiones entre judíos y árabes amenazaban con desembocar en un nuevo ciclo de confrontación en Medio Oriente, en Tarija un grupo de inmigrantes árabes, con el apoyo de inmigrantes judíos y el liderazgo de un alcalde de origen judío, decidieron hacer algo extraordinario: comprar juntos una casa que hasta hoy alberga al Club Árabe.

Mientras en otras partes del mundo las fronteras entre unos y otros volvían a endurecerse y parecían hacerse irreconciliables, en Tarija personas de distintos credos y orígenes eligieron construir conjuntamente una institución. Las diferencias no se borran, pero, en ciertos momentos, se relativizan.

Tarija se adelantó al país

Hay también una razón económica: Tarija entró antes que el resto del país en la crisis del modelo rentista. Cuando en 2015 empezó el declive de los ingresos por la renta petrolera, Tarija, un departamento totalmente dependiente de los recursos de los hidrocarburos, empezó a sentir con mayor intensidad —y antes que el país— los efectos del agotamiento de la «era del gas».

Esta adversidad forzó a ciudadanos y emprendedores a ser creativos. Mientras otras regiones aún disputan la distribución de una riqueza estatal que se agota, Tarija ya impulsa con éxito sus vinos de altura, jamones, arándanos y el turismo. Además, la escasez está gestando nuevos liderazgos enfocados en cambiar la gestión pública, el emprendedurismo privado y el activismo ciudadano.

En una economía cada vez más vinculada al turismo, los servicios y las cadenas agroalimentarias, la estabilidad, la conectividad y la confianza se han vuelto condiciones indispensables para el desarrollo. Mantener abiertos los caminos ya no es solo una necesidad práctica, sino una apuesta de futuro.

Pensar el futuro, para cambiar el presente

En los últimos años, diversas instituciones de la región han comprendido que los grandes acuerdos ya no pueden construirse únicamente desde las urgencias y disputas del presente.

Un ejemplo de ello: el Movimiento Tarija Dialoga, una plataforma ciudadana, junto a universidades y organismos internacionales y el Congreso Futuro, vienen desarrollando los Diálogos con el Futuro, como un proceso para conversar y construir agendas compartidas de futuro.

Cuando una sociedad imagina colectivamente el país, la región o la ciudad que quiere llegar a ser, aparecen espacios de encuentro que muchas veces son imposibles en medio de las disputas cotidianas, en un presente que parece trabado, bloqueado y paralizado.

Construyamos otros caminos, de la mano de la colaboración

Las principales apuestas económicas de Tarija —turismo, vitivinicultura, gastronomía, agricultura, ganadería y economía cultural— comparten un rasgo: dependen de la cooperación, la confianza y la hospitalidad. Quien llega a esta tierra encuentra una sociabilidad que convierte el compartir un vino y conversar en un rasgo de identidad.

En una economía donde el comercio, los servicios, el turismo y las pequeñas actividades productivas tienen un peso creciente, bloquear puede resultar particularmente costoso para amplios sectores de la propia población. Poco a poco, la colaboración comienza a ser más rentable —económica, social e institucionalmente— que la confrontación.

Tender puentes

Tarija no es una excepción perfecta ni un territorio sin problemas. Existen desigualdades, discriminaciones y tensiones como en cualquier sociedad. Sin embargo, su historia, su ubicación y su experiencia económica han fomentado una forma particular de gestionar esas diferencias.

Más que la ausencia de conflicto, lo que caracteriza a Tarija es su capacidad —a veces frágil, pero persistente— de generar espacios de acuerdo incluso en contextos de desacuerdo.

En una crisis de ideas en el país, Tarija quiere aportar pensando Bolivia desde el sur, desde los márgenes y las fronteras. El secreto es hablar de lo que nos conecta, no de las viejas brechas y clivajes históricos que nos separan (aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de ellos). No siempre se consigue, pero esa vocación de puente forma parte de su identidad muchas veces inconsciente.

También influye un factor geopolítico: históricamente, las grandes disputas nacionales se han concentrado en el eje central y en los principales centros de decisión política y económica del país. Al no formar parte de ese eje, Tarija suele ocupar un lugar diferente en la dinámica de la conflictividad.

Todo ello, puede ayudar a explicar por qué Tarija reaccionó de manera distinta al resto del país, más allá de que las movilizaciones no dependen únicamente de una determinada cultura política, sino también de la existencia de organizaciones capaces de convocarlas, liderazgos legitimados, recursos disponibles, oportunidades políticas y de la evaluación que hacen los propios actores sobre los costos y beneficios de entrar en conflicto.

Quizás la relativa ausencia de bloqueos sea el resultado de la convergencia de varios factores: una identidad regional con vocación de diálogo, una economía que hoy percibe mayores costos en la confrontación, una estructura organizativa distinta y una red social relativamente cercana, donde los vínculos personales y familiares atraviesan distintos sectores de la sociedad y favorecen mecanismos informales de negociación.

Nuestra apuesta es que Tarija ha empezado a comprender que las llaves del futuro se fabrican con las voces de la colaboración y que ningún país encuentra su destino levantando muros, sino tendiendo puentes.

Etiquetas :

4 de julio,MTD,Puentes del futuro

Compartir :